martes, 9 de diciembre de 2014

Adiós a una Diva del bel canto / JRP

Como mismo muchas veces esta noble profesión del periodismo nos colma de alegría, orgullo y satisfacción, otras nos pone en la encrucijada de tener que abordar la muerte, algo tan natural como la vida pero que los seres humanos nunca la vamos a asumir con esa naturalidad que esta llega con su abrazo eterno.
En la noche de este siete de diciembre recibí la triste noticia de la muerte de la soprano holguinera Náyade Proenza, y digo holguinera porque ella lo decía con mucho placer aunque fuera habanera de nacimiento. Víctima de una larga enfermedad, la artistade intachable trayectoria dijo adiós a la vida apenas tres horas antes de este ocho de diciembre cuando cumpliría 72 años.
Graduada de maestra normalista, Náyade inició su vida artística en el coro del sindicato de maestros en 1962 propio año en el que junto al inolvidable barítono Raúl Camayd quien se convertiría en su compañero de la vida, fundó el Teatro Lírico Rodrigo Prats, institución que ella dirigió entre 1991 y 1994 tras la muerte de Camayd.
A lo largo de su carrera profesional, primero como miembro del coro y luego como cantante solista de la compañía lírica holguinera, Náyade tuvo a su cargo roles protagónicos en zarzuelas, óperas y operetas, además de un abarcador repertorio de música de concierto, lo que la hizo una artista muy versátil y completa a juzgar por la calidad con que asumía lo mismo la actuación que la interpretación.
Entre otros títulos Náyade ejecutó la Rosaura de la Zarzuela española “Los Gavilanes”, obra con la que nació el Teatro Lírico Rodrigo Prats. También dio vida a los personajes centrales femeninos de piezas como: Luisa Fernanda , La del Soto del Parral, Las Leandras, Amalia Batista, María La O, El Cafetal, Rosa La China, Cecilia Valdés, La Traviata y La Viuda Alegre.
Aparejado a su desempeño como intérprete, la reconocida soprano holguinera desarrolló una prolífica labor pedagógica contribuyendo a la formación de varias generaciones de cantantes en la filial de canto del Instituto Superior de Arte, hoy Universidad de las Artes, en el Centro de Superación para la Cultura y por último en la Universidad de Hermosillo en México.
Para cumplir con su deseo de que su muerte pasara como algo natural, esta mañana el lobby del Teatro Comandante Eddy Suñol, el que fuera el escenario de sus grandes éxitos, fue el sitio donde se reunieron compañeros de trabajo, muchos de sus alumnos y amigos de toda la vida para recordar a esta insigne figura del canto lírico cubano.
Frente a una bella foto de la inolvidable soprano y a un hermosísimo arreglo floral, se le cantó, la actriz María Eugenia Candaosa, regisseur del Teatro Lírico compartió con el auditorio datos de la cantante, se hicieron anécdotas de su trabajo y de su vida y especialmente se le escuchó cantar. Entre risas pero sobre todo con no pocas lágrimas en los ojos, transcurrió el sencillo pero emotivo encuentro en el que participó uno de sus discípulos, el barítono Alfredo Más.
“No podemos evitar sentir tristeza, pero la muerte no es real cuando se ha sabido cumplir con el legado de la vida y se deja en la tierra una huella imborrable”, dijo profundamente emocionado el reconocido barítono. “Este homenaje de los artistas del Teatro Lírico ha sido nuestro modesto pero muy sincero reconocimiento a alguien que siempre fue ejemplo para todos”.
Alfredo Más comentó a la prensa que tendrá el honor de dirigir el próximo homenaje que se le rendirá a la maestra Náyade. “Será un concierto que he nombrado Zarzuelas de mi Cuba, todo el programa que se va a interpretar serán zarzuelas cubanas, y estará dedicado completamente a Náyade quien tanto las cantara”. El concierto homenaje tendrá lugar este sábado 13 de diciembre a las nueve de la noche en la Sala Raúl Camayd del propio Teatro Suñol.
Al fallecer la singular soprano y pedagoga ostentaba entre otras distinciones, la de la cultura nacional, el Hacha de Holguín, el Aldabón de la Ciudad, El Angelote y la del Mérito Pedagógico. Por decisión propia y de sus familiares, sus restos fueron cremados y las cenizas se esparcieron en el mar, en la Villa Blanca de Gibara, donde se enamoraron ella y su eterno compañero Raúl Camayd.

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